El gobierno nacional y los actores económicos y sociales “titulares” que menciono la presidenta, ya llegaron a un punto de acuerdo. Ahora deben cooperar porque existen diferentes necesidades reciprocas para hacerlo. La macroeconomía debe hacer converger las políticas sectoriales, respetando al mismo tiempo: crecimiento, nivel de empleo y estabilidad; procurando aumentos en la productividad y competitividad.
Si es cierto que había corporaciones bienintencionadas a las cuales les interesaba “sentarse a la mesa”, deben saber que “anotarse en esta”, significa perseguir un objetivo común y “compartir riesgos”.
En ocasiones, las diferentes expresiones de los intereses sectoriales han podido alcanzar sus objetivos sin necesitarse mutuamente. En esos casos cada fracción intentaba lograrlo por sus propios medios, con los resultados conocidos. Desde mi punto de vista, si repitiéramos esa historia los desenlaces no serian distintos, sin duda correríamos el riesgo de echar por la borda 10 años de sacrificio y esperanza.
Si el gobierno, los empresarios y los representantes de los trabajadores, no se comprometen a compartir riesgos, si la verdad es que no podemos esperar un compromiso básico de defender los intereses nacionales y el bienestar general, entonces todos estarían perdiendo el tiempo.
Solamente existen chances de crecer en forma sustentable, si las diferentes partes comprenden que todas se necesitan para alcanzar el desarrollo y la “trascendencia nacional”.
En una mesa como la que me imagino, se puede acceder a muchos más recursos de los que puede poseer o adquirir un sector por si mismo. Yo no desperdiciaría esta oportunidad, si fuera parte de la mesa.
El desafío lanzado por la Presidenta puede convertirse en un proceso; es decir, el comienzo que puede ampliar considerablemente la capacidad de mejorar la competitividad y la productividad, reduciendo costos, incorporando nuevas tecnologías, penetrando en nuevos mercados, y otorgando financiamiento para invertir en áreas esenciales de la economía nacional. De este modo, si lográramos alcanzar la solidez necesaria, podremos crecer y sobrevivir un mercado mundial que se nos puede caer encima en los próximos dos años.
Puede parecer innecesario decir esto, pero los actores potenciales, antes de sentarse a la mesa, deben ponerse de acuerdo en lo que pretenden lograr. Este punto es vital, ya que cada sector hasta el momento ha demostrado tener sus propios objetivos. Algunos son de vieja data y fueron explícitos, otros han sido tácitamente sobreentendidos. Ninguna de las partes puede suponer que las expectativas del otro son como le gustaría que fuera, y no como en realidad son.
Si los objetivos nacionales son diferentes, no hay esperanza de lograr una concertación con éxito. Las relaciones económicas se basan en la necesidad mutua. Gobierno, empresariado y gremios, deben comprender eso, porque es lo que ayuda a obtener el respaldo interno y superar los inconvenientes que ya conocemos (los intereses contrarios de las partes y las diferencias culturales)
Debe haber claridad, acerca de cómo se trataran las eventuales resistencias, si las hubiera. No puede haber sectores que vayan a reunirse pensando en boicotear la participación de otros conjuntos de intereses.
La experiencia mundial, es que a medida que una concertación progresa, las partes llegan a respetar la contribución de las otras posiciones, y a reconocer que para progresar en forma sostenida, debe existir una observancia mutua. Luego, el vínculo creciente de la concertación debe funcionar como un instrumento que garantice en el futuro la cooperación necesaria para el desarrollo nacional.
El desarrollo económico de un país debe estar inspirado en el respeto mutuo en todos los niveles, y debe ser sostenido por la profunda convicción que todos los sectores involucrados se necesitan mutuamente.
Ya hemos visto muchas veces fracasar el dialogo y la concertación, esto sucede cuando un sector no tiene nada que perder, mientras otros corren demasiados riesgos. La clave del llamado es “compartir riesgos”, esto es lo único que puede generar poderosos incentivos para operar en beneficio mutuo, en todos los aspectos.
Primero, lo primero; compromiso con el país y con la gente, los hombres y mujeres que vayan tienen que deponer toda arrogancia, deben representar al conjunto de los que “la luchamos todos los días”, aquellos que no nos llevamos nada y pusimos el hombro, muchos de los que la seguimos viendo por TV.
Si es cierto que había corporaciones bienintencionadas a las cuales les interesaba “sentarse a la mesa”, deben saber que “anotarse en esta”, significa perseguir un objetivo común y “compartir riesgos”.
En ocasiones, las diferentes expresiones de los intereses sectoriales han podido alcanzar sus objetivos sin necesitarse mutuamente. En esos casos cada fracción intentaba lograrlo por sus propios medios, con los resultados conocidos. Desde mi punto de vista, si repitiéramos esa historia los desenlaces no serian distintos, sin duda correríamos el riesgo de echar por la borda 10 años de sacrificio y esperanza.
Si el gobierno, los empresarios y los representantes de los trabajadores, no se comprometen a compartir riesgos, si la verdad es que no podemos esperar un compromiso básico de defender los intereses nacionales y el bienestar general, entonces todos estarían perdiendo el tiempo.
Solamente existen chances de crecer en forma sustentable, si las diferentes partes comprenden que todas se necesitan para alcanzar el desarrollo y la “trascendencia nacional”.
En una mesa como la que me imagino, se puede acceder a muchos más recursos de los que puede poseer o adquirir un sector por si mismo. Yo no desperdiciaría esta oportunidad, si fuera parte de la mesa.
El desafío lanzado por la Presidenta puede convertirse en un proceso; es decir, el comienzo que puede ampliar considerablemente la capacidad de mejorar la competitividad y la productividad, reduciendo costos, incorporando nuevas tecnologías, penetrando en nuevos mercados, y otorgando financiamiento para invertir en áreas esenciales de la economía nacional. De este modo, si lográramos alcanzar la solidez necesaria, podremos crecer y sobrevivir un mercado mundial que se nos puede caer encima en los próximos dos años.
Puede parecer innecesario decir esto, pero los actores potenciales, antes de sentarse a la mesa, deben ponerse de acuerdo en lo que pretenden lograr. Este punto es vital, ya que cada sector hasta el momento ha demostrado tener sus propios objetivos. Algunos son de vieja data y fueron explícitos, otros han sido tácitamente sobreentendidos. Ninguna de las partes puede suponer que las expectativas del otro son como le gustaría que fuera, y no como en realidad son.
Si los objetivos nacionales son diferentes, no hay esperanza de lograr una concertación con éxito. Las relaciones económicas se basan en la necesidad mutua. Gobierno, empresariado y gremios, deben comprender eso, porque es lo que ayuda a obtener el respaldo interno y superar los inconvenientes que ya conocemos (los intereses contrarios de las partes y las diferencias culturales)
Debe haber claridad, acerca de cómo se trataran las eventuales resistencias, si las hubiera. No puede haber sectores que vayan a reunirse pensando en boicotear la participación de otros conjuntos de intereses.
La experiencia mundial, es que a medida que una concertación progresa, las partes llegan a respetar la contribución de las otras posiciones, y a reconocer que para progresar en forma sostenida, debe existir una observancia mutua. Luego, el vínculo creciente de la concertación debe funcionar como un instrumento que garantice en el futuro la cooperación necesaria para el desarrollo nacional.
El desarrollo económico de un país debe estar inspirado en el respeto mutuo en todos los niveles, y debe ser sostenido por la profunda convicción que todos los sectores involucrados se necesitan mutuamente.
Ya hemos visto muchas veces fracasar el dialogo y la concertación, esto sucede cuando un sector no tiene nada que perder, mientras otros corren demasiados riesgos. La clave del llamado es “compartir riesgos”, esto es lo único que puede generar poderosos incentivos para operar en beneficio mutuo, en todos los aspectos.
Primero, lo primero; compromiso con el país y con la gente, los hombres y mujeres que vayan tienen que deponer toda arrogancia, deben representar al conjunto de los que “la luchamos todos los días”, aquellos que no nos llevamos nada y pusimos el hombro, muchos de los que la seguimos viendo por TV.
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