lunes, 2 de septiembre de 2013

Pablo Tigani: Economia y Universidad

Pablo Tigani: Economia y UniversidadPara el economista, la economía es su problema. En general, todo problema se plantea en forma de pregunta, aunque el economista formado en las universidades de los últimos 35 años no se pregunta nada; dispara automáticamente respuestas inapelables. Existen ciertas preguntas que se podría formular un economista reflexivo. El problema es que el economista fue formado en el enfoque “monetarista” y no se hace preguntas; sino, refiere “juicios indiscutibles, incontrovertibles”.
-¿Que cosas son las que a un economista le impiden dudar y reflexionar, teniendo en cuenta que dispone de Internet y otros avances científico-tecnológicos que les permiten tener información al instante?-
La primera razón es que este arquetipo de economista estandarizado por la universidad, cree reconocer los síntomas sin la necesidad de cuestionar su impresión. Presume sobre la evolución futura, y las causas previas de los problemas económicos, sin la necesidad de hacerlo desde ninguna otra perspectiva que la establecida.
En segundo lugar, a pesar de disponer de modelitos y medios tecnológicos cada vez más poderosos a la hora de investigar; los entornos de poder y la información disponible desde ese ecosistema, le facilita y fortalece la “postura” expuesta en el párrafo anterior.
Por ultimo, piensa siempre en utilizar las mismas herramientas (instrumentos de política macroeconómica) estandarizadas para cambiar acontecimientos que son claramente diferentes. Y, como lo aprendido en su “adiestramiento” involucra la inducción hacia prejuicios ideológicos-condicionamientos del poder en la enseñanza-, todas estas restricciones hacen que para ellos los problemas sean inabordables desde ciertas perspectivas.
Pongamos por caso la inflación. Un tiempo después de la sanción de la Ley de Convertibilidad-época del Ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo-, ya la inflación no era considerada peligrosa, puesto que había sido controlada. Hasta 1991 se había intentado frenar el aumento de los precios, a través de políticas contractivas (recesión y desempleo). Luego de 10 años de estabilidad, en 2001 estalla la crisis y se descubre el carácter pernicioso y endosable socialmente, de haber resuelto la inflación mediante un mecanismo de endeudamiento creciente, que emitiendo títulos (en diferentes tipos de moneda) en lugar de pesos, condicionaría el futuro económico en el largo plazo.
Hasta mediados de los setenta, entre los instrumentos y herramientas económicas se contaban con controles y regulaciones que mantenían un cierto aislamiento de las conductas especulativas perniciosas. Teoría keynesiana, expandiendo la base monetaria y aumentando el gasto publico cuando había que atacar un debilitamiento de la demanda agregada, combinando estas medidas con políticas de ingresos activas, consistentes con la creación de empleo y aumentos de salario.
La eficacia de estos métodos fue cuestionada cuando la crisis del petróleo genero un fenómeno llamado “stagflation” (inflación combinada con estancamiento-a mediado de los 70’). Es decir, la ciencia económica había logrado sacar a la economía mundial de “La Gran Depresión” (1930-1970), y ya sabia cómo y por qué no debía producirse una depresión, pero no se estaba al corriente aún de cómo remediar las causas de la inflación.
Fue con el resurgimiento de los clásicos (neo-clásicos/neoliberales) y el nacimiento del monetarismo, que la política monetaria logro controlar la inflación, mediante fuertes subas de las tasa de interés y contracción de la base monetaria.
No estoy seguro que este sea un ejemplo de vinculación entre conocimientos científicos logrados y resolución de problemas, porque en toda resolución de problemas, como aquellos a los que tienen que enfrentarse los economistas, los conocimientos científicos cumplen un papel fundamental. El caso es que hablamos solo de “herramientas” para lograr la resolución de determinada situación, pero con frecuencia no es sustentable en el tiempo.
En el devenir de la economía, muy a menudo, los problemas económicos resueltos, inducen al planteo de nuevos problemas y desafíos. Es interesante rescatar algunos aspectos relevantes:
Todo problema económico requiere un diagnóstico, es decir, una evaluación de estado de situación.
Para ello disponemos de información inicial, pero dije que hoy resulta ser escasa, poco confiable, insuficiente y sesgada. Por eso es importante recoger más información, evaluar las fuentes y los intereses a los cuales responden (incluyendo es necesario percatarse si reciben esponsorizacion o mecenazgo las consultoras o fundaciones proveedoras).
La selección del tipo de información que será necesaria, así como las vías disponibles para su obtención es parte fundamental del proceso de cualquier diagnóstico. Una vez obtenido el diagnóstico, se analizan las distintas alternativas (herramientas) conocidas para su solución; lo que en el caso de la inflación, sería mayormente, de tratamiento doloroso para la sociedad en su conjunto; mucho mas en un país con una historia como la Argentina.
Respecto de este punto es importante referirnos a dos cuestiones. Una es que en economía los instrumentos que denominamos “alternativas de solución” de los problemas, es decir, los tratamientos posibles, suelen estar bastante protocolizados y establecidos: los economistas neo clásicos/neoliberales-los que pululan en el poder mundial y sus organizaciones locales-admiten como válidos ciertos procedimientos estandarizados y no otros que no encuadren en un pensamiento dogmático-aunque se niegue la politización o la ideología de las herramientas escogidas, que por otra parte, hablan por si mismas. Esto limita el universo de estrategias a elegir, ignorando intencional y sistemáticamente que existen distintas alternativas. Los economistas neoliberales suelen reunirse y efectuar interconsultas (en plazas como el Foro Económico de Davos o la reunión anual del FMI, etcétera) para tomar decisiones, a cual mas cruel, para la sociedad mundial. Y para ello se toma en consideración la inflación como una anomalía que hay que eliminar de cualquier modo y con cualquier costo social. Esto se hizo siempre sin tomar en cuenta los aspectos contextuales de la economía y la sociedad que suelen ser relevantes; como escoger la alternativa para combatirla, siempre se ha hecho generando desempleo, caída del salario, abandono del sistema de salud, reducción del presupuesto a la educación, jubilaciones, planes sociales, etcétera.
Todos estos asuntos influyen en el equipo económico del gobierno, a la hora de tomar decisiones respecto de qué tratamiento; es decir, qué estrategia se puede llevar a cabo para resolver el problema de la economía.
Para la toma de decisión acerca de un plan económico; o estrategia para resolver el problema, debemos considerar a) las condiciones y el contexto. b) los recursos y las restricciones con que contamos.
Es posible que distintos tácticas lleven a un mismo resultado. Alguno puede ser más exitoso que otro, por ejemplo, que implique menos costos sociales, o que el plan de estabilización dure menos tiempo y deje menos secuelas, en términos de desempleo y caída del salario real. En toda decisión puede haber errores de diagnóstico, debido a fallas, escasez de información, falta de conocimientos científicos suficientes; pero lo más grave es cuando se ejerce la manipulación, con el objeto de dar respuesta a intereses establecidos.
Estoy diciendo que la universidad de ciencias económicas debe formar mentes profesionales más científico-sociales, y menos volcadas al “interés por el dinero”. No se trata de plantearles a los alumnos las opciones que se realizan a los trabajos de las elites, sino situaciones problemáticas a resolver, de modo similar a las que se les presentan a otros profesionales y, obviamente, vinculadas con los contenidos que tienen que incorporar a través del aprendizaje.
Un problema económico le permitirá a los alumnos diagnosticar-como en las ciencias de la administración-, requerir y recoger información complementaria y significativa, evaluar los recursos disponibles propios y externos, proponer caminos alternativos para obtener soluciones, y por ultimo tomar decisiones respecto a cual es la opción que consideran la mejor; reflexionando en base a qué criterios las eligieron y finalmente evaluando los resultados de su aplicación.
En todo este proceso deberían poder entrar en juego sus hipótesis y concepciones previas acerca de la economía, de modo que, lo más probable es que logren niveles de avance y, por lo tanto, un “nuevo aprendizaje”.
En este sentido, si descubriéramos conocimiento científico económico-social, este constituirá una nueva herramienta y a la vez, en la medida de lo posible, un logro que se de a través de un proceso de producción intelectual. Incluso para un “inconverso económico-social”, los conocimientos científicos teóricos cobrarían sentido y cabal comprensión cuando fueran contrastados y puestos en práctica.
Algo similar que lo que sucede en el aprendizaje tradicional de cualquier tópico, debería suceder con la economía. No hace falta ser un constructivista ortodoxo para acordar que los conocimientos se desarrollan en el contexto de situaciones donde son problematizados, y el planteo de problemas a resolver es una situación de aprendizaje por si sola.
Así, los conocimientos “teóricos” que el alumno debe aprender en la universidad, los conocimientos previos que dispone como bagaje de lectura, y la infraestructura cognitiva para acceder comprensivamente al mundo, se pondrán en interacción, a través del planteo concreto de los “problemas económicos”, y no de rústicas abstracciones matemáticas que devienen en un simple razonamiento vertical y lógico.
Si estos problemas son puestos en determinados contextos, para que no sean sólo problemas como aquellos que se plantean experimentalmente sino situaciones a resolver en la realidad o en simulaciones de la realidad, entonces pondremos a los alumnos de ciencias económicas en situaciones similares a las que se les presentan a los Ministros de Economía de los países.
Es obvio que los alumnos no son Ministros de Economía, pero menos aún son científicos. Es decir que el modelo más afín para emular en el trabajo del aula seria el modelo del Ministro de Economía o el Secretario de Estado de Finanzas, Industria, Comercio, etcétera; porque en todo caso, contribuirá, también, al aprendizaje de aquellas nociones que son propias de las ciencias económicas, en lugar de sostener idealizaciones inconducentes y letanías hipnóticas conceptuales heredadas del siglo XVIII.

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